A propósito de texto clásico de Hanna Arendt*, apenas en su inicio vuelve a mi una reflexión eterna sobre la incoherencia de decirse a sí mismo «apolítico».
Arendt introduce el tema con la ya evidente oposición entre el ser político y una sociedad animal. Digo, lo que es propio del ser humano, del animal humano no es la economía, no es la sociedad, es la política. La capacidad de hacer política, de organizarnos entorno a propósitos que van más allá de la satisfacción de nuestros deseos individuales y egoístas. Se trata de superar nuestras tripas y entrecijos, de ir más allá de hormonas de placer, miedo y satisfacción corporal. Lo que nos hace seres políticos, no es la capacidad para militar en un partido político o gobernar un pequeño feudo local, sino ser humanos. El ser humano en sociedad, en comunidad, en conjunto, es por definición un ser político.

Qué significa decir que la política va más allá de superar las instituciones y espacios considerados políticos. Decir que el bien se encuentra en un juzgado, la salud en un hospital, la seguridad en una estación de policía y la educación en un colegio, son ideas tan insostenibles para cualquier persona con alfabetización básica qué poco se plantean. Al respecto, continuando con el ejemplo, como personas en sociedad, sabemos que para hacer y asegurar algo moralmente bueno no se requiere de jueces (en casos extremos un juzgado vela por lo bueno cuando los criterios difieren o cuando la situación se enfrenta a algún verdadero ser malévolo) asegurar la salud no implica hospitales y ser educado co supone pasar por una universidad. De la misma manera, asegurar la acción política no requiere de gobernantes, concejos o asambleas, podría decirse que la política, como lo bueno y lo malo, como la salud, como la seguridad y como la educación, se construye en todos los espacios donde nuestras necesidades más primarias se ven superadas y juegan necesidades de índole social o comunitaria.
Sí, comprar un pasaje de autobús, elegir una universidad para estudiar o adquirir los servicios de una plataforma de televisión implican un componente político, implica una postura política qué aún sin ser conscientes esta ahí. Ni que decir de elegir un gobernante o participar de la asamblea de propietarios en una unidad residencial, lo cual se da por sentado.
Al ser la política eso que trasciende y define la forma como nos relacionamos en sociedad, la política no es solo Estado, partidos y elecciones, es más amplia. Dichas instituciones las creamos porque con el crecimiento como sociedad, fue necesario establecer unos mínimos institucionales para asegurar la continuidad y operatividad política en un contexto muy amplio. Así que política no se restringe a las instituciones políticas aunque estas si requieren de la política.
En síntesis, y con los presupuestos un poco más claros, vuelvo sobre las personas que se dicen apolíticas, las personas que se desentienden de la política y las personas que llaman a la política desde la técnica de gobernar (tecnócratas por definición). Para estas personas desentenderse de la política tiene dos implicaciones importantes: por un lado, dice de ellas que son animales que solo responden a sus necesidades primarias, incluso si estas incluyen actividades tan complejas como el uso del Internet, el ejercicio de una profesión liberal o la práctica de algún deporte. Por otro lado, el desconocer la política no les hace apolíticas sino personas a meced de la política, que no es lo mismo.
Explicar nuestra deriva egoísta y autocomplaciente justificada en la apoliticidad de nuestras acciones es un acto de egoísmo cobarde frente a aquellas relaciones que creemos no entender o que no podemos controlar. Es un acto que dice de nosotros «ante mi incapacidad y mi desconfianza me centraré en mí mismo. Ya hay otros que se preocupan de la política, yo porque tengo que hacerlo». Y también dice «tengo los recursos suficientes para comprame una vida deseada a la medida de mis posibilidades».
Por último, quienes no están en política no están contra ella. Es un sofisma. Estar en contra de la política no nos pone en contra de nuestra humanidad porque es imposible, estar en contra de la política nos pone a merced de quienes si hacen y participan de una vida política. ¿Acaso un gobernante no te cobrará los impuestos si te declaras apolítico? ¿El policía no te multará? ¿Un ladrón no te robará? ¿La universidad te regalará un título universitario?… Decirse apolítico no supone ningún beneficio en tu vida pero si permite que otros decidan por ti, y no me refiero a la elección de gobernantes o legisladores. Me refiero a decidir sobre las relaciones qué inevitablemente determinan las formas como nos relacionamos con otros. Desde lo económico hasta el entrenimiento, desde la educación hasta la práctica espiritual. Todo aquello en lo que ya somos un grupo humano es por definición político.
*La condición humana


Entonces no volveré a llamarme apolitiko